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‘Es un error entender la sostenibilidad como una cuestión unidimensional’

‘Es un error entender la sostenibilidad como una cuestión unidimensional’

01-05-2019 | Visión

La inversión sostenible ofrece multitud de opciones para los inversores. Masja Zandbergen comenta los dilemas a los que se enfrentan los inversores a la hora de apostar por la sostenibilidad, los avances que se han logrado en los últimos años y la convicción de que, para estar entre los ganadores en este campo, se requiere un compromiso real.

La sostenibilidad es el próximo gran paso para el sector. ¿Diría que ha habido un punto de inflexión claro o que la inversión sostenible ha ido evolucionando paulatinamente en Robeco?

“Ambas cosas, en realidad. Ha evolucionado, ya que empezó con un reducido grupo de personas. Ahora todo el mundo participa en ella, y de hecho creo que es una de las razones por las que la gente quiere trabajar en Robeco, porque aquí es un área fundamental. Pero también es cierto que ha ganado impulso en los últimos dos años. En parte, se debe al mercado, las normativas, los problemas climáticos, los desechos... quién puede no hacer caso a todo esto. Y todas estas cuestiones resultan muy importantes para la nueva generación, cuyas opiniones son cada vez más relevantes. Ahora mismo están convergiendo muchas fuerzas distintas. Como sociedad, tenemos que vivir de forma más sostenible o, de lo contrario, sencillamente no podremos vivir.”

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¿Nos encontramos en una era de cambio real? El

El éxito de su última interacción con Shell podría considerarse prueba de ello. ¿Considera que la gente está mentalmente preparada para cambios tan grandes? ¿Se dan cuenta de que no sólo se trata de rentabilidad, sino también del futuro de nuestro planeta y de nuestros hijos?

“Me resulta difícil responder, quizás porque estoy muy inmersa en todo esto. Y al final siempre acabo hablando con clientes que están en la misma onda que yo. Con toda sinceridad, aunque ya hay cosas que están cambiando, creo que todavía queda mucho por hacer. Las empresas tienen que estar dispuestas a hacer inversiones que no van a rentabilizar durante mucho tiempo. Y eso sigue siendo un dilema.”

El eterno conflicto entre las ganancias a corto plazo y las perspectivas a largo.

“Sí, y entre la dinámica financiera y los valores ambientales y sociales. Lo que es de todos no tiene precio, pero debería tenerlo. A todos nos gusta preconizar sobre la inversión sostenible como algo que beneficia a todos (win-win), pero a veces hay que pagar primero los costes antes de recoger los beneficios. Hay que ser sinceros en esto. Sí, queremos conseguir rentabilidad, pero también queremos que los valores sociales y ambientales se tengan en consideración a la hora de tomar decisiones de inversión. Y hay que poner precio a esto. En este sentido, estamos iniciando un camino muy largo, y la pregunta es si tenemos aún tiempo suficiente (...).”

¿Tiempo para qué?

“Tiempo como planeta. Para arreglarlo todo.”

¿Hay algo que le quite el sueño?

“Bueno, digamos que a veces mis compañeros y otros especialistas me envían estudios bastante deprimentes. Estudios sobre las perspectivas para el cambio climático, y sus consecuencias. Pero soy optimista. Si trabajamos duro ahora, tengo la esperanza de que lo lograremos.”

¿Es utópico concebir un mundo en el que se exija a las grandes multinacionales que inviertan parte de sus beneficios en la mejora de las condiciones de trabajo al principio de sus cadenas de producción?

“No creo que sea buena solución, porque seguirían sin formar parte integrante de sus prácticas mercantiles. Yo lo abordaría desde otra perspectiva. Hay que desarrollar más modelos económicos que incluyan estos costes externos y los cálculos del beneficio y el valor. ¿Cuánto costaría realmente un par de zapatos si se incluyen en su coste el pago de un salario justo para todos los trabajadores —aunque sea un salario mínimo de subsistencia— y una serie de medidas medioambientales? ¿Qué margen tendría entonces la empresa? ¿Y los consumidores estarían dispuestos a pagar la diferencia? Muchas de las cosas que tenemos actualmente son demasiado baratas todavía.”

Estamos nuevamente ante el mismo dilema. Sabemos que las cosas tienen que cambiar, pero si para ello debemos contribuir —económicamente o de otro modo—, ¿miramos hacia otro lado?

“Sí, y por eso creo que estamos solamente al principio de un proceso muy largo de internalización de costes externos. No existen modelos generalmente aceptados para ello todavía. Las universidades no incluyen estos aspectos en sus programas de formación financiera.”

¿La solución pasa por la educación?

“Ciertamente, es parte de la solución. Por eso colaboramos con la Universidad Erasmo de Róterdam. Han trazado ya un marco preliminar para incorporar la sostenibilidad en los análisis financieros también.”

El cambio comienza además por la concienciación. La nueva generación está creciendo con una conciencia mayor sobre los retos relacionados con la sostenibilidad.

“Sin duda, a mis hijos les pasa eso. A menudo hablamos de eso en casa, de cómo se fabrican ciertas prendas de ropa, por ejemplo. Sucede de forma espontánea, ya que tanto mi marido como yo trabajamos en esto. Todo el mundo tiene preocupaciones relacionadas con su trabajo, probablemente por eso hablamos en casa de estos temas más que otras personas, y se los inculcamos a nuestros hijos. Comer menos carne, o nada, o sencillamente tener conductas más sostenibles son sin duda cuestiones mucho más relevantes para la nueva generación que para nosotros.”

Pero la solución a nuestros problemas es más complicada que eso, ¿verdad?

“Desde luego. Es un error entender la sostenibilidad como una cuestión unidimensional. Es más compleja de lo que parece. Un coche eléctrico parece algo sostenible, pero si el estadounidense propietario de ese coche lo recarga con electricidad generada con carbón, la sostenibilidad general del vehículo durante su vida útil será prácticamente la misma que la de un coche de gasolina. O si una multinacional construye un edificio con la máxima calificación de eficiencia energética al lado de una autovía, sin acceso en transporte público.”

“Por ello, hay que afrontar la sostenibilidad de forma holística, si no estaremos volando a ciegas e incluso generaremos un impacto negativo. Lo peor que nos puede pasar es echar la vista atrás y ver que en los últimos diez años no hemos conseguido nada significativo en términos de sostenibilidad y que nuestros resultados financieros han sido también deficientes. Por este motivo, la investigación y el pensamiento integrador resultan esenciales.”

Robeco ha sido uno de los primeros gestores en ofrecer productos ODS. ¿Es un ejemplo de innovación y liderazgo de mercado?

“Por supuesto, es un gran ejemplo, pero yo creo que somos líderes también en lo relativo a integración. Muchos clientes están muy inmersos ya en la sostenibilidad, pero su integración efectiva les resulta compleja. Hace falta buenos análisis, y los gestores y analistas deben aprender a cambiar la forma en que miran a las empresas. Para nosotros, que contamos con el conocimiento y la experiencia necesarios, es fácil innovar de otras formas también. Eso genera un efecto multiplicador. Comienza por los especialistas, pero al final todos terminan por ir más allá y eso conduce a una mayor innovación.” 

“Actualmente contamos con unos 60 clientes con requisitos específicos en materia de sostenibilidad, cuando el año pasado eran 15 aproximadamente. La demanda está aumentando, al igual que nuestra capacidad para ofrecer soluciones. Los ODS son un buen ejemplo de ello: RobecoSAM tuvo tanto la idea como la capacidad profesional de desarrollar un marco que permitiera a los analistas evaluar a las empresas conforme a los criterios marcados por los ODS. En definitiva, los ODS son también parte de la integración ASG. Eso lleva tiempo, y no puede sencillamente copiarse. Comprar una serie de datos sobre sostenibilidad y aplicarlos a una cartera no es integración ASG.”

Hoy en día, casi todos los gestores patrimoniales afirman que los aspectos ASG forman parte de su ADN. ¿A veces le parece que esto no es más que retórica comercial?

“Muchas veces, sí. Pero también hay gestores que trabajan bien. Nosotros hacemos mucho, no hay más que ver la cantidad de códigos de buen gobierno que hemos firmado o las iniciativas en que tomamos parte, y la frecuencia con la que coordinamos las interacciones con las empresas o el ejercicio del voto en sus juntas generales. Y hay muchos otros que no han hecho más que empezar. Es estupendo ver que otros gestores patrimoniales están poniéndose en marcha también. El impacto será mayor cuanta más gente contribuya. Pero uno tiene que destacarse de la competencia. Los gestores que realmente creen en la sostenibilidad serán los ganadores, porque su apuesta por ella se debe a las razones acertadas. Y, al final, eso será lo que marcará la diferencia.”

Esta entrevista fue publicada originalmente en Sustainability Inside

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