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La asignación de precios al carbono no tiene envergadura suficiente para surtir efectos

La asignación de precios al carbono no tiene envergadura suficiente para surtir efectos

26-04-2021 | Visión
La asignación de precios al carbono suele considerarse como solución para reducir las emisiones, ya que supone un coste directo sobre los mayores emisores. Sin embargo, dista mucho de adoptarse a la escala global necesaria para surtir efectos; además, los precios del carbono actuales son en exceso reducidos.
  • Lucian Peppelenbos
    Lucian
    Peppelenbos
    Climate Strategist

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  • Un precio medio global del carbono de 2 USD por tonelada es demasiado bajo
  • Solo se asigna un precio al 22% de las emisiones globales de gases con efecto invernadero
  • El régimen de derechos de emisión de la UE persigue una reducción de las emisiones del 55% para 2030 

En su forma más simple, la asignación de precios al carbono supone un impuesto por tonelada de carbono emitido, y normalmente se grava por los gobiernos. Suecia tiene los impuestos sobre el carbono mayores del mundo, y grava con alrededor de 120 dólares la tonelada de CO2e, según el informe del Grupo Banco Mundial ‘Situación y Tendencias de la Asignación de Precios al Carbono 2020’.

Otra forma de abordar las emisiones es mediante regímenes de comercio de derechos de emisión, en los que pueden negociarse derechos de emisión con otros emisores con sujeción a los umbrales marcados por la autoridad regulatoria. Uno de los más amplios que existen es el régimen de comercio de derechos de emisión de la Unión Europea (ETS). Con estos mecanismos, el precio del carbono oscila en función de la oferta y demanda de derechos. El precio actual del ETS de la UE ronda los 33 euros/t CO2e.

Sin embargo, la mayoría de los países no tienen ni un impuesto al carbono ni un régimen de comercio de emisiones, o los precios que tienen son tan bajos que no tiene efecto disuasivo frente a las emisiones. Según el Grupo del Banco Mundial, al final de 2020 solo existían en el mundo 61 iniciativas de precios al carbono en funcionamiento o previstas, compuestas por 31 ETS y 30 impuestos al carbono. Cubren 12 gigatones de dióxido de carbono equivalente, o solo alrededor del 22% de las emisiones globales de gases con efecto invernadero, frente al 20% de 2019.

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Comparación entre precios del carbono y porcentaje de emisiones de gases con efecto invernadero en la correspondiente zona. Fuente: 'Situación y tendencias del precio del carbono en 2020'. Grupo Banco Mundial.

Precios demasiado bajos

Por otra parte, los precios del carbono siguen muy por debajo de lo que deberían para servir de incentivo al cumplimiento de los objetivos del Acuerdo de París. En 2017, el Alto Comisionado para los precios del carbono calculó que sería necesario un precio global del carbono de 40-80 USD/tCO2e en 2020 y de 50-100USD/tCO2e en 2030 para limitar el aumento el calentamiento global a 2°C. Según el FMI, el precio medio global es de unos 2USD/tCO2e.  

Lucian Peppelenbos, estratega sobre el cambio climático, afirma que, a nivel global, solo el 22% del carbono tiene asignado un precio en la actualidad, lo que es claramente insuficiente. “Además, el precio medio global de unos 2 USD/t CO2e está muy lejos de surtir ningún efecto.”

“Pero ya hay indicios de que finalmente se toma más en serio. El precio del carbono en Europa es ahora de 33 EUR/t CO2e, un precio al que realmente empieza a impactar sobre el comportamiento económico. A esos precios ya vemos que tiene lugar un giro desde la generación con carbón térmico a la generación con gas, y se estimula la innovación baja en carbono en distintos sectores.”

Tomárselo más en serio

Esta una cuestión se toma claramente más en serio en la UE, que en el Pacto Verde Europeo se ha comprometido a ser neutral en carbono en 2050. Su primer objetivo consiste en lograr para 2030 una reducción del 55% en las emisiones de gases con efecto invernadero en comparación con 1990. Como parte de ese objetivo se está preparando un acuerdo para el ajuste en frontera del carbono, que establecerá unas reglas iguales para todos y protegerá a las industrias europeas de productos elevados en carbono más baratos de fuera de la UE. 

“El ETS es la piedra angular de la política climática de la UE”, señala Peppelenbos. “Para lograr su objetivo de una reducción del 55% en 2030, la UE reconoce que los derechos de emisión de carbono tendrán que ser más escasos, incrementando así el precio por tonelada de CO2. El impuesto en frontera al carbono va a suponer un punto de inflexión global.”

Comparación con la fiscalidad de la gasolina

Unos precios del carbono superiores e impuestos en frontera pueden ser buenos para el clima, pero ¿no perjudicarán a la economía? Una forma de hacerlo más digerible para quienes efectivamente pagan los impuestos es compararlo con los actualidad fiscalidad de los combustibles. “Si consideramos el importe medio de los impuestos sobre la gasolina en Europa, equivaldría a un precio del carbono de alrededor de 300 dólares por tonelada”, explica Peppelenbos. 

“Esta fiscalidad no ha impedido que la industria automovilística europea sea competitiva, ni disuadido a los consumidores de comprar o conducir automóviles. Pero sí ha servido para fabricar coches mucho más eficientes en Europa que el promedio mundial.”

“Eso demuestra que es posible subir los precios sin acabar con la industria del motor o la capacidad adquisitiva de los consumidores. No tiene por qué ser una amenaza, solo hay que hacerlo inteligentemente.”

Este artículo procede de nuestra Plataforma de Inversión sobre el Clima

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