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SI Opener: El sector de la salud precisa de una ética intachable para combatir el abuso de opioides

SI Opener: El sector de la salud precisa de una ética intachable para combatir el abuso de opioides

09-11-2020 | SI Opener
El sector de la salud suele considerarse una buena opción de inversión, tanto desde el punto de vista de los resultados financieros como del impacto. Sin embargo, el sector también tiene que hacer frente a ciertos problemas, como el significativo uso y abuso de opioides.
  • Masja Zandbergen - Albers
    Masja
    Zandbergen - Albers
    Head of sustainability Integration
  • Anouk in 't Veld
    Anouk
    in 't Veld
    Active Ownership Specialist

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  • En EE.UU., la crisis de los opioides costó 696.000 millones de USD en 2018, el 3,4% de su PIB
  • Se requiere una transformación radical, con un mayor papel del sector público
  • Se necesita más innovación, gobierno corporativo y ética empresarial

Si bien es cierto que el opio y sus derivados llevan utilizándose desde hace siglos, los avances en medicina paliativa que se realizaron en la década de 1990 han tenido, como efecto colateral, una crisis sanitaria mundial que reviste un impacto social y económico sin precedentes. En estos años, el lanzamiento de nuevos fármacos opioides ha dado lugar a un uso excesivo y generalizado de los mismos, que ha ocasionado más de 200.000 fallecimientos por sobredosis en un período de ocho años, solo en Estados Unidos.

Esto ha dado al público una razón más para desconfiar de la industria farmacéutica. Si queremos restablecer la confianza en la medicina, tenemos que mirar más allá de la industria y plantearnos el papel de los organismos de salud pública para evitar tragedias de este tipo.

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El impacto de la crisis de los opioides

Aunque el propósito de la industria médica es mejorar la salud de los pacientes, en la práctica, a veces sucede lo contrario. El uso indebido de opioides –medicamentos concebidos para que la vida de personas muy enfermas sea más llevadera– ha provocado un gran número de muertes y unos elevados costes económicos.

En 2017, había 53,4 millones de consumidores de opioides en todo el mundo, el 80% de los cuales se encontraba en Estados Unidos. Se calcula que, de estos consumidores, más de dos millones sufren trastornos por abuso de opioides, incluido el uso de medicamentos sujetos a receta y opioides no médicos, como la heroína o el fentanilo. Entre 1999 y 2017, 218.000 personas murieron por sobredosis. Se trata de una cifra elevada, sobre todo si se compara con el número de fallecimientos por accidentes de tráfico o incidentes con armas de fuego, pero relativamente baja en comparación con las muertes causadas directa o indirectamente por el tabaco.1

Se estima que la crisis de los opioides en Estados Unidos costó, por sí sola, 696.000 millones de USD en 2018 –el 3,4% del PIB–, y más de 2,5 billones de USD en el período comprendido entre 2015 y 2018.2 Estas cifras incluyen el valor de la pérdida de vidas y el aumento del gasto en atención sanitaria y tratamiento del abuso de sustancias adictivas, así como el coste de los procesos penales y la reducción de la productividad asociados a este fenómeno.

En general, la epidemia de opioides se ha convertido en un grave obstáculo para alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible nº 3 (salud y bienestar), y en particular su meta 3.5, relativa a la prevención y el tratamiento del abuso de sustancias adictivas y el uso indebido de estupefacientes. A consecuencia de las prácticas de comercialización indebidas y de ciertas cuestiones relacionadas con la ética empresarial y la competencia, un importante número de empresas farmacéuticas no cumplen lo indicado en el Pacto Mundial de las Naciones Unidas ni en las Directrices de la OCDE para las empresas multinacionales.

Para los inversores, la crisis de los opioides ha originado una significativa volatilidad. Esto se debe a la creciente incertidumbre y al aumento de las probabilidades de que estas empresas tengan que pagar importantes sumas para liquidar los procedimientos legales incoados por miles de demandantes. Hablamos de gobiernos nacionales, condados, municipios, proveedores sanitarios, aseguradoras y organismos públicos.

Del alivio del dolor a la adicción generalizada

Las antiguas civilizaciones de Persia, Egipto y Mesopotamia cultivaban y cosechaban la adormidera, conocida desde hace mucho tiempo por sus efectos calmantes y analgésicos. En los dos últimos siglos, el opio y sus derivados han ganado popularidad en el mundo occidental y se utilizan en cantidades cada vez más concentradas, tanto legal como ilegalmente.

Hoy en día, los opioides se recetan principalmente para su uso a corto plazo, con el fin de reducir el dolor tras una lesión grave o una operación importante. Sin embargo, los opioides también se pueden utilizar para tratar a personas con dolor grave y crónico, como los pacientes con cáncer. Los ejemplos más comunes de opioides sujetos a receta son, entre otros, morfina, oxicodona (comúnmente conocida como OxyContin) e hidrocodona.

Estos opioides se conocen como fármacos de la “Lista III”, es decir, que las autoridades sanitarias catalogan su potencial de dependencia física y psicológica como bajo o moderado. El tratamiento con analgésicos opioides durante un periodo de tiempo breve generalmente se considera seguro, pero los pacientes que los consumen durante periodos más prolongados pueden sufrir efectos secundarios adversos. Cuando los usuarios habituales desarrollan tolerancia al fármaco, o bien aumentan la dosis o bien cambian a otros opioides más potentes, como el fentanilo o la heroína (fármacos de las Listas II y I, respectivamente).

El consumo de opioides ha ido aumentando desde la década de 1990, cuando los prescriptores y las empresas farmacéuticas solo hablaban de las bondades de sus productos, y comenzaron a anunciarlos enfocándose en pacientes que no sufrían dolor crónico asociado al cáncer. En ese periodo, el consumo de opioides farmacéuticos con fines médicos se duplicó. La última oleada comenzó en 2013, con la proliferación de fentanilo. Entre 2013 y 2016, las muertes por opioides relacionadas con el fentanilo aumentaron alrededor de un 113% anual en Estados Unidos.3

Un enfoque holístico de la epidemia

Las grandes farmacéuticas a menudo se sitúan en el punto de mira de la opinión pública, debido a sus esfuerzos por desarrollar y distribuir analgésicos opioides. La controversia se debe a que ciertas empresas incurren en prácticas de comercialización indebidas u otras actuaciones contrarias a la ética empresarial, tales como incentivar ilícitamente a los médicos a recetar sus productos en lugar de los ofrecidos por sus competidores.

Hoy por hoy, hay diversas compañías y distribuidores de medicamentos que han tenido que comprometerse a pagar miles de millones en acuerdos extrajudiciales, y hay numerosos litigios en marcha. En general, los acuerdos extrajudiciales parecen representar solo una fracción de los daños sufridos. Los inversores se han mostrado relativamente lentos a la hora de pedir que las empresas rindan cuentas sobre su participación en prácticas indebidas de comercialización y distribución de medicamentos. La organización Investors for Opioid Accountability no se creó hasta 2017, una vez que las diversas controversias fueron atrayendo poco a poco la atención de los proveedores de datos, y esta información se puso finalmente a disposición de los inversores para su análisis.

Sin negar ni las ventajas médicas que ofrecen los opioides para un subconjunto concreto de pacientes, ni las injustificables dimensiones de las prácticas indebidas desarrolladas por las empresas farmacéuticas, por nuestra parte abogamos por un enfoque más holístico a la hora de analizar la epidemia dentro de su complejo contexto de partes interesadas.

En primer lugar, los gobiernos representan un papel clave en la aprobación y regulación de la distribución de medicamentos. Por ello, son propensos a verse influenciados por los grupos de presión que representan al sector y por las organizaciones de pacientes con dolor crónico. Estas últimas han desempeñado una función clave en la promoción de los opioides, y en parte también se encuentran parcialmente influidas por las empresas farmacéuticas.

En segundo lugar, los médicos de cabecera han representado asimismo un papel crucial en la prescripción de medicamentos opioides. Curiosamente, las investigaciones muestran que los médicos que completaron su formación en una facultad de medicina de primer nivel recetan anualmente una cantidad significativamente menor de opioides que los facultativos de universidades de menor rango, lo que pone de manifiesto la importancia de la formación continua.4

Además, existen otros agentes externos, como consultores, distribuidores de medicamentos e investigadores, que también tienen un papel que representar en esta crisis y que deben asumir la responsabilidad de atajarla.

Por último, debemos tener en cuenta que el sistema de salud de cada país funciona de manera diferente: los precios, la regulación y las consideraciones culturales son factores decisivos que pueden influir en la gravedad de esta epidemia.

¿Hay luz al final del túnel?

Hasta ahora, no hemos logrado poner fin a la epidemia de los opioides. El Covid-19 está afectando al acceso a ciertos tratamientos y dificultando que los pacientes puedan encontrar soluciones a su adicción. Sin embargo, las labores de prevención están aumentando y los tratamientos no asistidos médicamente, como la terapia cognitiva, están recibiendo más atención. Teniendo esto en cuenta, hay que decir que se necesita más investigación sobre aspectos de prevención, como una mejor comprensión de lo que causa el dolor crónico y episódico, o el reajuste de los incentivos en los modelos de negocio con el fin de reducir las prescripciones innecesarias de opioides.

En términos más generales, cabría preguntarse si sabemos lo suficiente sobre el coste real de la medicina. Es importante que las empresas apoyen iniciativas de responsabilidad y transparencia que garanticen que los inversores puedan tomar decisiones bien fundamentadas. La ética empresarial es un problema importante en el sector de la salud, al igual que la capacidad de innovar y garantizar la calidad de los productos.

Por otra parte, ahora somos conscientes de que la crisis de los opioides ha dado lugar a una situación con vertientes diversas y desafortunadas, que requieren un enfoque holístico. Un enfoque de este tipo permitiría realizar una evaluación detallada de los riesgos financieros, el impacto sobre los fundamentales y el valor relativo de los opioides para la sociedad.

La integración de criterios ASG en nuestro proceso para la toma de decisiones de inversión nos permite evaluar a las empresas del sector de la salud de acuerdo con su evolución en términos de ética empresarial, gobierno corporativo e innovación. Las empresas con una ética y unas prácticas de gobierno sólidas, así como las que invierten en I+D e innovan de manera eficiente, se ven recompensadas con valoraciones más elevadas.

En nuestra interacción con las empresas les pedimos que:

  • Sean transparentes en cuanto a los resultados positivos y negativos de los ensayos
  • Identifiquen las labores, directas e indirectas, de los grupos de presión con los que colaboran
  • Trabajen por una mejor cuantificación de la efectividad de sus productos
  • Integren estos resultados en sus informes: el éxito de un medicamento no solo debe medirse por los beneficios que genera, sino también por su impacto social y ambiental
  • Trabajen por la adopción de modelos de negocio basados en el valor
Por otra parte, consideramos que hay otros interlocutores de la esfera de la salud que también deben rendir cuentas de igual modo. Deben apoyar la transparencia en la investigación y la mejora de la recopilación de datos con el fin de desarrollar estrategias de tratamiento basadas en evidencias. Y el interés del paciente debe ser la prioridad en todo momento.

La colaboración transversal e interdisciplinar y la innovación son las claves para combatir los retos médicos de nuestra era. Por último, necesitamos saber que el ecosistema de la atención sanitaria tiene el genuino compromiso de actuar conforme a los mejores intereses de los pacientes y la sociedad.

1 Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), 2019
2 Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca (CEA), 2019
3 Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), 2019
4 Schnell y Currie (2018)
5 Modelos de negocio (de precios) basados en la calidad y el efecto de los medicamentos (la incidencia sobre la salud de los pacientes).

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