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Tras una década “increíble”, ¿qué depara el futuro a las acciones de bajo riesgo?

Tras una década “increíble”, ¿qué depara el futuro a las acciones de bajo riesgo?

05-03-2020 | Visión
La década de 2010 a 2019 ha sido excepcional para los inversores en renta variable, en muchos sentidos. Sin embargo, en este contexto muy específico, una cosa no ha cambiado: las estrategias mejoradas de baja volatilidad han mantenido una evolución positiva.
  • Jan Sytze  Mosselaar
    Jan Sytze
    Mosselaar
    Portfolio Manager
  • Pim  van Vliet, PhD
    Pim
    van Vliet, PhD
    Head of Conservative Equities

Lectura rápida

  • En el periodo 2010-2019 hemos asistido al mercado alcista global más prolongado de la historia
  • El factor de baja volatilidad ha sido el ganador en términos de rentabilidad ajustada al riesgo
  • Consideramos que la combinación de múltiples señales es la clave para la continuidad del éxito

El periodo comprendido entre 2010 y 2019 ha estado repleto de sorpresas. Al principio de la década, tras la peor caída registrada por los mercados desde la década de 1930, la mayoría de los inversores tenían pocas esperanzas y casi ninguna expectativa en lo referente a la rentabilidad que iban a obtener a partir de entonces. Pero los mercados globales han crecido, de media, un 10% anual. Y eso no ha sido todo.

En la última década también se ha producido un auge espectacular de los valores FAANG y BAT. La bolsa estadounidense ha superado ampliamente al resto de las regiones, y el estilo de inversión de crecimiento se ha mantenido por encima del value. Más importante todavía, los mercados de renta variable y de renta fija han crecido simultáneamente, generando rentabilidades atractivas para todas las carteras equilibradas. Por último, dado que los rendimientos han sido elevados y la volatilidad del mercado de renta variable se ha mantenido baja en general, la relación rentabilidad/riesgo se ha mostrado particularmente sólida, en especial en el caso de las acciones estadounidenses.

En este contexto, esta última década también ha resultado muy destacable desde el punto de vista del comportamiento de los factores. En términos generales, esta ha sido la mejor década de la historia reciente para la lbaja volatilidad, que ha ofrecido la mayor rentabilidad por unidad de riesgo. Así ha sido en los mercados globales, los de Estados Unidos y los emergentes, pero no en el caso de Europa.

En el viejo continente, el momentum ha sido el factor más ventajoso, tanto en rentabilidad absoluta como ajustada al riesgo, seguido por el de baja volatilidad. Además, el momentum ha registrado las cifras más altas de rentabilidad en otras regiones. Por su parte, value ha sido el factor que ha registrado los resultados más bajos, así como la menor rentabilidad por unidad de riesgo, en todas las regiones. Para los inversores value, esta década ha sido más los “diez terribles” que los “diez magníficos”.

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Más parecida a los treinta que a los noventa

En los últimos años, se han establecido múltiples paralelismos entre la década de los noventa y la de 2010. Por ejemplo, el hecho de que momentum haya sido el factor más sólido en ambas décadas. Pero en los noventa, el factor value no atravesó tantas dificultades como ahora, ya que superó al grueso del mercado y a los factores de baja volatilidad, dividendo elevado y tamaño. En realidad, la década de 2010 se asemeja mucho más a la de 1930.

Al igual que en la década de 2010, en los años treinta el estilo value también se situó en última posición, y momentum protagonizó un auge notable. Además, la recuperación que viene produciéndose desde 2010, tras un grave desplome del mercado de valores global, se asemeja a la que tuvo lugar durante la década de 1930. Sin embargo, a diferencia del decenio iniciado en 2010, los años treinta estuvieron caracterizados por una escasa rentabilidad y un riesgo elevado, condiciones en las que las acciones de baja volatilidad tienden a ofrecer mejores resultados que otros estilos.

El factor de baja volatilidad sigue vivo y coleando, tras haber demostrado su capacidad para agregar valor durante la última década, sobre todo en términos ajustados al riesgo

Vemos pues que el factor de baja volatilidad sigue vivo y coleando, tras haber demostrado su capacidad para agregar valor durante la última década, sobre todo en términos ajustados al riesgo. De hecho, cuando se compara con otros factores en conjunto, incluidos value, momentum, tamaño y dividendo elevado, la baja volatilidad resulta ser el más sólido de las últimas nueve décadas, registrando la relación rentabilidad/riesgo más alta de todos los estilos de Factor Investing (véase la Figura 1).

Figura 1: Factores con mejores resultados, por décadas

Robeco, a partir de la base de datos de Kenneth French

Pero si tanto paralelismo existe entre las décadas de 2010 y 1930, ¿cabe esperar que la de 2020 se asemeje a la de 1940? ¿Los inversores de baja volatilidad deberían estar preocupados? Durante los años cuarenta, los mercados subieron pronunciadamente. Y, mientras que el factor value registró resultados muy sólidos, el de baja volatilidad se situó por debajo del grueso del mercado y del resto de factores. A lo largo de este periodo, las acciones de baja volatilidad resultaban caras, al igual que sucede ahora.

No obstante, los valores que presentaban una combinación inteligente de baja volatilidad, elevada rentabilidad por dividendos y momentum positivo lograron mantenerse por encima del mercado durante las décadas de 1940 y 1950, a pesar del enfoque hacia los maltrechos valores de baja volatilidad. Esto ejemplifica la importancia de contar con estrategias mejoradas de Factor Investing, en las que se tengan en cuenta múltiples señales complementarias.

Es el caso de los procesos de inversión de nuestras estrategias de renta variable conservadora (Conservative Equities), en las que se seleccionan valores de bajo riesgo con elevados ingresos, valoración atractiva y momentum positivo, entre otras características.

Listos para esta década

De cara a la década que estamos iniciando, consideramos que este enfoque mejorado de inversión de bajo riesgo, en el que se combinan múltiples señales complementarias, resultará todavía más decisivo que en la década anterior. En particular, tener en cuenta las señales de valoración puede resultar de vital importancia, ya que el factor value podría protagonizar un resurgimiento, tras su pésima evolución de los diez últimos años.

Hace siete años, escribimos un informe sobre la evolución de los valores de baja volatilidad durante los periodos en que éstos tenían un precio más elevado que la media del mercado, lo cual se produjo sobre todo en las décadas de 1940 y 1950. Concluimos entonces que una estrategia mejorada de baja volatilidad puede ofrecer una medida de protección en este tipo de situaciones. Y mantenemos esta misma conclusión a día de hoy.

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