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Big data en el móvil: la infraestructura digital

Big data en el móvil: la infraestructura digital

21-11-2017 | Visión

Ante el tsunami de datos que se avecina, nuestra infraestructura de comunicación móvil debe evolucionar hacia el 5G. Para los operadores de estas infraestructuras, compuestas por elementos muy tangibles como antenas, torres de comunicación, centros de datos o fibra óptica, este paso supone una notable mejora de sus perspectivas de rentabilidad.

  • Vera Krückel
    Vera
    Krückel
    Trend researcher Trend Investing Equity team
  • Folmer Pietersma
    Folmer
    Pietersma
    Portfolio Manager

Lectura rápida

  • La infraestructura de comunicaciones móviles va a tener que asimilar enormes cantidades de datos
  • Para ello, es necesario el 5G 
  • Los operadores de activos de infraestructuras saldrán beneficiados de ello

Mucho se ha escrito sobre la digitalización de nuestro mundo y sobre sus efectos sobre la forma en que nos comunicamos. Nuestro consumo total de datos se ha incrementado nada menos que 4.000 veces en los últimos diez años, y se espera que continúe haciéndolo a pasos agigantados. Según un afamado estudio elaborado por Cisco, se prevé que la tasa de crecimiento del tráfico total de Internet sea de un impresionante 25% anual de aquí a 2020. En el caso del tráfico de datos móviles, las cifras son todavía más apabullantes: Cisco trabaja conforme a una previsión de tasa de crecimiento anual compuesta (TCAC) de más del 50%, entre 2015 y 2020.

Nuestra hambre de datos es prácticamente insaciable. Las nuevas aplicaciones tecnológicas, tales como el contenido de vídeo en streaming, la realidad aumentada o los vehículos conectados, utilizan ingentes cantidades de datos. La infraestructura de red subyacente, la que hace posible todo este tráfico de datos, resulta crucial para posibilitar prácticamente todo lo que hacemos en el mundo digital. Sin que nos demos cuenta, una gran cantidad de componentes deben interactuar en perfecta armonía para que todo funcione: antenas, torres de comunicación, centros de datos hipereficientes y, cómo no, kilómetros y kilómetros de líneas de fibra y cobre que lo conectan todo, incluso continentes enteros, a través de gigantescos cables submarinos.  

Esta infraestructura global de comunicaciones ha ido construyéndose durante décadas, con un coste cercano a los 2 billones de USD. Naturalmente, para que nuestra infraestructura pueda adaptarse a las muchas aplicaciones futuras que se están concibiendo, se requiere más inversión. Lo que no está claro todavía es el volumen de la misma. Veamos algunas pistas: Qualcomm lo llama el desafío de crecimiento x1000 (!)... Europa está pidiendo una inversión de 600-700 miles de millones de EUR solamente para situarse en el nivel de EE.UU. y Asia, mientras que Accenture estima que Estados Unidos necesitará 275 miles de millones de USD para que la 5ª generación de redes móviles sea una realidad.

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La infraestructura móvil necesita actualizarse al 5G

Nuestra infraestructura digital debe evolucionar, como respuesta a las inmensas cantidades de datos móviles y, sobre todo, a la multitud de aplicaciones nuevas que están surgiendo, todas ellas con sus propios requerimientos. Si queremos evitar que nuestras redes digitales sean como la ciudad de Los Ángeles en hora punta —atascada y sin poder avanzar—, hay que evolucionar al 5G. Para que esta quinta generación de comunicaciones móviles pueda ofrecernos todo lo prometido, nuestra infraestructura ha de evolucionar y rediseñarse... ¿cómo?

  1. Trasladando la inteligencia hacia la periferia de las redes (descentralización)
  2. Configurando un entorno heterogéneo en el que puedan coexistir diferentes capas de infraestructuras, a través de las cuales se satisfagan las dispares necesidades futuras
  3. Normalizando y compartiendo los equipos físicos de forma dinámica, para distribuir el tráfico a través de las infraestructuras combinadas, y optimizar así el aprovechamiento de la capacidad existente

Para que esto funcione de la manera más eficiente posible, prevemos una tendencia de creciente externalización de los tres principales componentes de la infraestructura digital. Esto supone que las operadoras de telecomunicaciones van a recurrir cada vez más a recursos que sean propiedad de otros, tales como torres de radiocomunicación, centros de datos o redes de fibra óptica. A medida que las ventajas económicas del uso compartido de las redes se vayan haciendo más evidentes, irá creciendo el número de operadoras que optarán por desinvertir en activos de infraestructuras, o utilizar sistemas de joint venture. Cabe esperar un aumento de la actividad de consolidación con vistas a compartir la carga inversora que supondrá el despliegue del 5G. Como sucede con los inmuebles tradicionales, los activos físicos de infraestructuras móviles van a ser gestionados cada vez más por empresas instrumentales especializadas (vehículos de inversión).

La creación de datos se descentraliza, con cámaras y sensores por doquier

En el pasado, el contenido se creaba y almacenaba de manera centralizada, para después consumirse en los bordes exteriores de la red. Navegábamos por las páginas de Internet o descargábamos vídeos de Netflix desde un centro de datos remoto hasta nuestros dispositivos móviles. Eso está cambiando. Cada vez son más los usuarios que suben vídeos a YouTube o se mantienen al día entre sí mediante vídeos breves en Facebook o Snapchat, en lugar de enviar mensajes de texto. Los vehículos conectados van a generar cantidades masivas de datos, a través de sus sensores y cámaras.

Esta distribución más descentralizada de los contenidos va a dar lugar a una profundización de los bordes exteriores de la red. Van a surgir centros de datos urbanos o de menor capacidad, porque todo va a desarrollarse más cerca del usuario final. Las capas externas de la red van a hacerse mucho más inteligentes, dejando de ser meras conexiones con el núcleo de la red.

Los operadores de activos de infraestructuras pueden beneficiarse de ello de muchas maneras. Las empresas de torres de comunicación propiciarán un mejor aprovechamiento de sus activos existentes. Es posible que, en la base de estas torres, se disponga de ubicaciones adecuadas para microcentros de datos. De igual manera, los centros de datos de interconexión se beneficiarán de su ubicación más próxima al borde exterior. Por último, los operadores de redes de fibra —el punto de unión de todo— irán creciendo en importancia. Existen también potenciales beneficiarios en otros sectores: pensemos en los fabricantes de equipos de telecomunicaciones, las empresas de tendido de redes de datos, o los productores de antenas, chips y sensores.

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