Las repercusiones de las disrupciones en las cadenas de suministro han afectado inevitablemente a empresas, consumidores y economías. Los contagios de Covid siguen afectando a las distintas regiones del mundo y dando lugar a confinamientos que bloquean las fábricas, saturan los puertos, paralizan las flotas de camiones y merman los flujos internacionales de mercancías.
La escasez de suministros ha puesto de manifiesto la fragilidad y vulnerabilidad que adolecen actualmente las cadenas de suministro del sector manufacturero. Se han vuelto tan grandes, complejas y fragmentadas que muchos clientes de sus últimos eslabones no tienen visibilidad real de las causas a las que se deben los cuellos de botella y las interrupciones. Hoy en día es habitual que los insumos se extraigan, procesen y ensamblen en los primeros eslabones de la cadena, a cargo de diversos agentes industriales y en distintas zonas geográficas, antes de que sean enviados finalmente a los clientes intermedios. Por ejemplo, la cadena de suministro de una célula solar fotovoltaica puede comenzar en una explotación minera de arena de cuarzo en China. Desde ahí, pasa a una fundición donde se convierte en lingotes, se corta en obleas y finalmente se monta en un panel solar, todo ello con la intervención de los trabajadores de distintas fábricas repartidas por Malasia, Camboya, Vietnam y Tailandia.
En las dos últimas décadas, la industria manufacturera china ha aumentado considerablemente. Actualmente, China es el mayor exportador del mundo, acaparando el 12% del mercado del comercio mundial de mercancías, valorado en 28,5 billones de USD en 2021.1,2 Aunque los consumidores globales disfrutan gracias a ello de más bienes a precios más bajos, la actividad manufacturera mundial está cada vez más concentrada y depende peligrosamente de los proveedores chinos.
Además, la disponibilidad de insumos más baratos ha promovido que la industria manufacturera siga un camino de producción lineal que comienza con la extracción de recursos vírgenes y termina con el desecho de los productos por el usuario final. De este modo, no solo se pierde el valor subyacente del producto, sino que se fomenta la apertura de nuevas vías de producción, lo que a su vez precisa de más materias primas, tratamiento y logística. Comienza de nuevo un ciclo de riesgos ambientales y para las cadenas de suministro.