Una preocupación común sobre los ETFs activos es si su enfoque es realmente activo, o si simplemente son una versión de las estrategias pasivas con otra estructura. Debido a la evolución de los productos de ETF, la frontera entre activos y pasivos es cada vez más difusa. Los ETFs semitransparentes, las estrategias basadas en reglas o los índices altamente personalizados pueden provocar que las definiciones tradicionales se difuminen y ofrecer en realidad más oportunidades a los inversores.
En Robeco, definimos los ETFs activos como aquellos basados en estrategias realmente activas y diseñadas para generar un exceso de rentabilidad en respuesta a los indicadores del mercado, en lugar de limitarse a replicar un índice de referencia. Esto deriva en otra preocupación: ¿conllevan intrínsecamente los ETFs activos un mayor riesgo simplemente por desviarse del índice?
Aunque los ETFs activos divergen de las estrategias basadas en índices, esta desviación no se traduce automáticamente en un mayor riesgo. De hecho, suelen ofrecer una mayor diversificación y una mejor gestión del riesgo en comparación con algunas estrategias de inversión pasiva, sobre todo cuando los índices de referencia se concentran mucho en pocos valores de megacapitalización.
Por ejemplo, los índices como el S&P 500 pueden dejar a los inversores desproporcionadamente expuestos a las Siete Magníficas. Los ETFs activos emplean diversos marcos de gestión de riesgos y sofisticadas herramientas de análisis para mitigar esos riesgos de concentración. Por lo tanto, pueden ofrecer una mayor diversificación y una volatilidad potencialmente menor, y así ajustar el riesgo de la inversión a los objetivos de los inversores de forma más eficaz.