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Oportunidad: Identificar inversiones adecuadas que sean respetuosas con el clima

Oportunidad: Identificar inversiones adecuadas que sean respetuosas con el clima

06-05-2021 | Visión
Las iniciativas de descarbonización global generarán claros ganadores y perdedores, deparando un entorno propicio para los gestión activos. Nuestra nueva web especializada en inversión climática muestra esta oportunidad.

Lectura rápida

  • La transición a una economía baja en carbono generará riesgos y oportunidades
  • Así, el hidrógeno es un sector llamado a beneficiarse de la descarbonización
  • La inversión sostenible se aprovechará del viento de cola regulatorio

Para lograr cero emisiones de carbono netas en 2050 son necesarias unas inversiones enormes a escala mundial. El objetivo de estas irá desde cambiar las centrales eléctricas de carbón por parques eólicos, a electrificar vehículos, dotar a todos los edificios de aislamiento y conseguir una agricultura más eficiente.

Por tanto, la transición hacia la economía baja en carbono deparará muchos ganadores, especialmente entre empresas que formen parte de las numerosas soluciones tecnológicas al cambio climático. Las mismas pueden pertenecer a ámbitos como la infraestructura de energías renovables, los sistemas de captura de carbono y las técnicas de reciclaje.

Pero también habrá perdedores: aquellas empresas que en la próxima década tarden demasiado en responder a la necesidad de adoptar modelos de negocio bajos en carbono. Conforme la regulación se endurezca y las pautas de los consumidores cambien a favor de productos más favorables al clima, estas empresas acabarán siendo como las empresas que seguían vendiendo caballos cuando el ferrocarril había llegado.

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Oportunidades interesantes en la cadena de suministro del hidrógeno

La industria del hidrógeno supone un buen ejemplo de un probable ganador de esta transición. Aunque todavía incipiente, está previsto que la producción del hidrógeno marque un punto de inflexión, sobre todo en la reducción de la huella de carbono de muchas industrias con elevadas emisiones de carbono (como las de acero, vidrio, abonos y semiconductores), donde no es posible la electrificación.

Además, su capacidad como portador de energía significa que puede almacenar y liberar los excedentes de energía renovable para su aprovechamiento posterior en la red eléctrica, o por otros sectores intensivos en energía. Puede emplearse para sistemas de calefacción (sustituyendo el gas natural en la calefacción de edificios comerciales y residenciales) o a modo de insumo básico (para sustituir a los combustibles fósiles como materia prima en la producción industrial de productos químicos y biocombustibles).

En el sector del transporte, las tecnologías de célula de combustible de hidrógeno están consideradas como un medio eficaz para descarbonizar las flotas de transporte de larga distancia, incluidos camiones pesados, trenes, buques portacontenedores e incluso algunos tipos de avión.

Las inversiones que ahora se realicen en las tecnologías e infraestructuras del hidrógeno son vitales para acelerar la transición energética y alcanzar el objetivo de cero emisiones netas en 2050. En toda la cadena de suministro del hidrógeno existen interesantes oportunidades para reducir los costes de producción, aumentar el volumen de la misma, y acelerar la adopción y despliegue del hidrógeno en cada sector y en el conjunto de la economía.

Vientos de cola regulatorios

La inversión siempre ha estado regulada. Lo novedoso ahora es un compromiso mucho mayor para fomentar la inversión sostenible, con ambiciosas normativas como la adoptada por la Unión Europea (UE). Así, el conjunto de medidas incluidas en el Plan de Acción de Finanzas Sostenibles (SFAP) de la UE trata de promover la inversión sostenible en los 27 países del bloque. En concreto, persigue lograr los objetivos climáticos del Acuerdo de París y el Pacto Verde europeo.

Parte del plan se concretará en nuevas normas, como el Reglamento de divulgación financiera sobre sostenibilidad (SFDR), que aclara qué son los fondos de inversión sostenibles, o el Reglamento de la taxonomía, conforme al cual los gestores de activos deben informar sobre su impacto (positivo o negativo).

El SFAP tiene tres objetivos principales. El primero consiste en canalizar los flujos de capital hacia la inversión sostenible, apartándolos de sectores como el de combustibles fósiles que contribuyen al calentamiento global. El segundo consiste en incorporar la sostenibilidad a la gestión de riesgos. Por último, trata de impulsar la transparencia y la planificación a largo plazo en la actividad económica y financiera.

El SFDR pretende conseguir que el perfil de sostenibilidad de los fondos sea más comparable y mejor comprendido por los inversores finales, fijando parámetros predefinidos de las características ASG utilizadas en el proceso de inversión. Como su nombre indica, se hará mucho más hincapié en la divulgación, con nuevas normas que obliguen a identificar los impactos perjudiciales realizados por las empresas en que se invierte.

Para saber más sobre la oportunidad que representa la lucha contra el cambio climático, visite la sección especializada de nuestro hub de inversión climática.

Este artículo procede de nuestra Plataforma de Inversión sobre el Clima

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