Aunque los descriptores anteriores sirven como método lógico para clasificar a las empresas por sectores y estrategias de inversión, un análisis más detallado de los ODS pone de manifiesto la complejidad que dicha clasificación entraña. Es un hecho comúnmente reconocido que los 17 objetivos están interconectados y que las medidas adoptadas para mejorar un ODS influyen en otro. 4
Además, varios ODS tienen metas secundarias en materia medioambiental y social. Por ejemplo, el ODS 7 (Energía asequible y no contaminante) aspira a garantizar el acceso universal a servicios energéticos (meta 7.1, de carácter social), pero también aumentar la generación de energía renovable e incrementar la eficiencia energética (metas 7.2 y 7.3, de carácter medioambiental). Del mismo modo, el ODS 6 (Agua limpia y saneamiento) aspira tanto a mejorar la salud de las personas (meta social) como a reducir la contaminación del agua (meta medioambiental). Por tanto, este dilema gira en torno a la pregunta de si es posible decidir fácilmente si un objetivo tiene carácter social o medioambiental.
De esta manera, tal categorización también conduce a resultados de evaluación en los que las empresas podrían estar igualmente vinculadas tanto a un ODS social como a uno medioambiental. Por ejemplo, las empresas que suministran materiales aislantes contribuyen a la eficiencia energética, que está relacionada con un objetivo medioambiental (ODS 7) y otro social (ODS 9: Industria, innovación e infraestructura).
Otro ejemplo son las empresas que suministran salmón a los consumidores y, de este modo, proporcionan alimentos saludables que contribuyen al ODS 2 (Hambre cero), que es un objetivo social. Según el Marco ODS de Robeco, estas empresas solo obtendrán una puntuación positiva en relación con el ODS 14 si adoptan prácticas respetuosas con el medio ambiente que puedan verificarse con niveles de certificación elevados (el ASC para la pesca y/o el MSC para las capturas salvajes). Si es así, puede considerarse que contribuyen a un objetivo medioambiental y clasificarse como tal, incluso si ofrecen un producto que también tiene interés social.
Podemos encontrar muchos otros ejemplos de empresas con productos y servicios cuyas contribuciones sociales y medioambientales están interrelacionadas. En Robeco, el criterio que aplicamos es clasificarlas en función del efecto de sus productos y servicios que consideramos mayor, ya sea el social o el medioambiental.