Van der Welle advierte de que gran parte de esta situación se ha generado artificialmente por los fondos de recuperación poscovid, por valor de 2,5 billones de USD, que provocaron una insostenible euforia por gastar en Estados Unidos.
«En nuestra opinión, la adquisición de hábitos por parte del consumidor estadounidense, que ha llevado a un frenesí de gasto (excesivo) incentivado por los enormes paquetes de apoyo fiscal pospandemia, parece ser la principal culpable», afirma.
«La relación entre los indicadores adelantados del ciclo económico y la economía real no se ha roto, pero los desfases pueden ser mayores de lo habitual, debido a la inesperada resiliencia del consumidor, que ha seguido gastando incluso cuando el crecimiento de los ingresos reales disminuyó el año pasado».
«Sin embargo, esta fortaleza se está erosionando, ya que los datos de las tarjetas de crédito muestran que el consumidor estadounidense está al límite. El consejero delegado de Walmart señaló a principios de este año que los consumidores se han vuelto más “reflexivos y exigentes”. Los datos de las ventas minoristas del primer trimestre de 2023 revelan que el consumidor estadounidense ya ha empezado moderarse, comprando cosas más baratas y menos superfluas».
«Un aumento de la elasticidad de los precios de la demanda de los hogares pone en peligro la capacidad de fijación de precios y los beneficios de las empresas. No obstante, existen refugios seguros. Aunque los volúmenes generales de gasto minorista se han aplanado, los patrones de gasto muestran una brecha entre las categorías de ingresos, ya que la demanda mundial de bienes de (gran) lujo sigue siendo alta».