Un enfoque integrado multiplica la complejidad del análisis de estos dos amplios temas. Se corre así el riesgo de no actuar o de diluir la atención, haciendo que los inversores no tengan suficientemente en cuenta los riesgos y las oportunidades del clima y de la naturaleza para impulsar un cambio significativo.
El cambio climático es solo uno de los cinco factores que ocasionan la pérdida de biodiversidad, junto con el cambio en el uso de la tierra y del mar, la explotación de recursos, las especies invasivas y la contaminación. Aunque es un tema complejo, puede reducirse a una sola métrica con relevancia mundial: las emisiones de gases de efecto invernadero.
Por otro lado, la evaluación de la biodiversidad es aún muy incipiente y requiere tener en cuenta los impactos y las dependencias que se producen a nivel local. Por ejemplo, la escasez de agua depende de la oferta y demanda de cada cuenca hidrográfica, y las emisiones de nitrógeno son muy problemáticas en un país densamente poblado como los Países Bajos, pero no necesariamente en países como Francia. Eso hace difícil plasmar la biodiversidad en una única dimensión global.
Aunque queda mucho por hacer, la evaluación del cambio climático se está convirtiendo en algo habitual en la toma de decisiones de inversión. Sin embargo, evaluar los factores causantes de la pérdida de biodiversidad requiere más trabajo para captar los matices. En cuanto al clima, hemos integrado modelos de evaluación que relacionan los modelos climáticos mundiales con variables macroeconómicas clave. No disponemos de modelos similares para la naturaleza. Para su obtención recomendamos aplicar un enfoque modular, de modo que más adelante puedan añadirse niveles adicionales de complejidad.