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Más allá de las exclusiones: cómo los inversores pueden abordar la IS

Más allá de las exclusiones: cómo los inversores pueden abordar la IS

17-12-2018 | Visión
Algunos inversores adoptan un enfoque simplista hacia la inversión sostenible, limitándose a excluir a ciertas empresas de sus carteras. Si no hacen nada más, están desaprovechando las ventajas reales que comporta la integración de factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ASG) en las carteras. Consideramos que ha llegado el momento de ir más allá de las exclusiones.
  • Masja Zandbergen - Albers
    Masja
    Zandbergen - Albers
    Head of sustainability integration
  • Guido Moret
    Guido
    Moret
    Head of Sustainability Integration Credits

Para las entidades financieras, plantearse las implicaciones de sus inversiones a largo plazo supone todo un desafío. El cambio climático es un tema importante, pero también hay que prestar atención a los derechos humanos, las condiciones de trabajo y la ética empresarial, ya que cada vez más la sociedad y los organismos reguladores están instando a las empresas y entidades financieras a hacer su parte en lo que respecta a nuestro futuro común.

La pregunta, entonces, es ¿por dónde empezar? Proponemos un proceso de siete pasos que puede ayudar a tomar decisiones, probablemente muy acertadas, en relación con la inversión sostenible (IS). Estos pasos son:

1. Definición del objetivo
Primero y principal, es preciso dedicar tiempo a analizar y evaluar junto con los distintos interlocutores —incluidos los clientes— los motivos que llevan a la adopción de la IS. Algunas de las principales motivaciones van desde una respuesta a presiones externas hasta la voluntad proactiva y firme de aprovechar las ventajas que ofrece la IS.

Una vez definidos los motivos, habría que confeccionar una política a partir de ellos, o incorporarlos a una declaración de intenciones de inversión.

2. Establecimiento de prioridades
Una lista de prioridades puede ayudar a identificar los aspectos más esenciales relacionados con la sostenibilidad. Existen varios marcos de referencia y códigos internacionales que pueden servir de ayuda, tales como el Pacto Mundial de las Naciones Unidas o la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo.

Alternativamente, el inversor puede optar por centrarse en aspectos concretos como el cambio climático, empleando en este caso el Acuerdo de París como base para desarrollar su política. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU también pueden proporcionar buenas bases para delimitar objetivos y prioridades.

Puede resultar complicado plasmar estos objetivos y prioridades en una estrategia de inversión. La tarea principal consiste en equilibrar las necesidades concretas de sostenibilidad y su impacto sobre la relación riesgo/rentabilidad, y para distintas categorías de activos. En términos generales, las tres consideraciones básicas serían emplear capas, adoptar temas y efectuar análisis de riesgo/rentabilidad. Veamos cada una de ellas con más detenimiento.

3. Aplicación de capas
En general, aplicar una capa o recubrimiento al conjunto de una cartera no debería afectar directamente a sus resultados. Existen varias soluciones de recubrimiento dentro de la inversión sostenible, sobre todo el ejercicio de los derechos de voto asociados a las posiciones en acciones, la interacción con las empresas para instigar una mejora en cuestiones ASG, o la exclusión de empresas y países.

La mayoría de las gestoras aplican una estrategia de votación en sus fondos y mandatos, aunque sus políticas y prácticas pueden diferir bastante. Interactuar con las empresas participadas puede ser un motor de cambio muy poderoso: mejorar el control de los riesgos y la percepción de las oportunidades ASG puede conducir a un incremento de los resultados financieros, e incidir positivamente sobre el conjunto de la sociedad.

4. Implantación de temas
Existen varias formas de adoptar un tema de inversión, sea el cambio climático o un aspecto más ad hoc, como la escasez de agua o las condiciones de trabajo. Una de ellas consiste en evitar a las empresas que inciden más negativamente sobre el factor escogido, o bien integrar éste en las inversiones: la exposición de la cartera pueden orientarse al factor de que se trate.

El inversor puede implicarse también en el tema elegido (ejerciendo derechos de voto y presentando propuestas de acuerdos en junta) o, en último término, invertir en las empresas que proporcionan soluciones para el problema en cuestión.

5. Análisis riesgo/rentabilidad
Aplicar características sostenibles puede afectar a las previsiones de riesgo y rentabilidad de la cartera. Las implicaciones varían en función del objetivo y el instrumento utilizado.

El proceso de establecer objetivos de sostenibilidad, concretar una estrategia y aplicarla es muy similar al de cualquier otro proceso de inversión convencional. En inversión cuantitativa, el efecto de aplicar directrices y temas de sostenibilidad resulta más sencillo de cuantificar utilizando estudios empíricos. En las estrategias por fundamentales, el efecto ex-ante de aplicar criterios ASG puede ser más complicado de calcular.

6. Selección y seguimiento del gestor
Una vez completados los pasos iniciales, no debería resultar difícil establecer las pautas para los gestores patrimoniales. Para los grandes inversores que optan por soluciones segregadas, los factores relacionados con la sostenibilidad pueden incorporarse a mandatos ya existentes si el gestor posee buena comprensión y experiencia en IS. Por su parte, para los inversores con vehículos compartidos esto puede resultar más complejo.

En ambos casos, lo primero sería valorar las credenciales actuales del gestor (o gestores) en relación con la IS. Una manera eficaz de promover el cambio sería interactuar con ellos para ayudarles a mejorar sus perfiles de sostenibilidad. Celebrar mesas redondas donde compartir conocimientos puede ser así mismo una poderosa herramienta de cambio.

7. Integración y evaluación
El último paso sería evaluar una vez al año la situación de los objetivos escogidos, a partir de los informes de sostenibilidad de los gestores correspondientes. Lo ideal sería que este proceso formara parte del ciclo de inversión convencional, puesto que así se lograría un enfoque ASG realmente integrado.

En resumen, la implantación de la sostenibilidad puede llevar muchos años, y por ello pensamos que los inversores deberían primero meter el pie en el lago de la IS antes de zambullirse. Un primer paso podría ser la introducción de exclusiones y la interacción, para después plantearse añadir, en una segunda fase, otros aspectos como la reducción de la huella de carbono o la integración ASG de una parte de la cartera.

Los resultados deberían evaluarse y analizarse regularmente y, si es posible, integrarse en las estructuras ya existentes, como modo efectivo de lograr una auténtica integración. A medida que se gane experiencia en inversión sostenible, el convencimiento sobre ella irá aumentando.

Extracto de un capítulo de nuestro Big Book of SI.

Solicite el manual completo.