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SI Opener: La devaluación del término “inversión de impacto”: tres preguntas

SI Opener: La devaluación del término “inversión de impacto”: tres preguntas

28-05-2021 | SI Opener
La introducción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) trajo consigo un auge de la inversión de impacto en crédito y acciones cotizadas. Por mi parte, sigo creyendo que esto es algo positivo. Sin embargo, hay ciertos aspectos de la inversión de impacto que resultan menos claros en el espacio de los valores cotizados. Lo que ahora no me deja dormir es la posibilidad de que la auténtica inversión de impacto se vea socavada o vilipendiada por quienes afirman falsamente participar en ella, únicamente para fines de relaciones públicas, o por aquellos que simplemente no entienden bien lo que es. Y entre ellos también incluyo a nuestra propia organización. Tenemos que ser conscientes de este problema y estar muy atentos.
  • Masja Zandbergen - Albers
    Masja
    Zandbergen - Albers
    Head of sustainability integration

Así pues, hagámonos tres preguntas fundamentales:

  • ¿Estamos dirigiendo capital adicional hacia el desarrollo sostenible?
  • Al invertir en grandes empresas, ¿cómo podemos determinar su contribución positiva neta?
  • Y por último, pero no por ello menos importante, ¿cómo podemos cuantificar el cambio?

En qué se diferencia la inversión de impacto de la inversión sostenible

La inversión de impacto se define como aquellas inversiones realizadas en empresas, organizaciones y fondos con el objetivo de generar un impacto social y ambiental, además de una rentabilidad económica. Es un medio cada vez más popular de perseguir objetivos sobre el terreno, como es el caso de los ODS. A través de estos objetivos se busca marcar diferencias en ámbitos tales como la erradicación de la pobreza (ODS 1, 2) o la reducción de las desigualdades sociales (ODS 5, 10) por medio del capital inversor, en lugar de las donaciones.

No es lo mismo que la inversión sostenible, en la que se emplean factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ASG) con el propósito de minimizar los aspectos negativos que se asocian a cualquier actividad empresarial. Para ello, se puede evitar a las empresas con malas credenciales ambientales o salpicadas por escándalos de corrupción. Pero no tiene por qué tener, necesariamente, un impacto sobre el terreno: identificar a las empresas con mejores puntuaciones ASG que sus competidoras comparables no contribuye directamente a la mejora de la educación o la salud en África. Otro claro ejemplo: una empresa tabacalera (que excluimos) puede tener una puntuación ASG muy elevada, pero claramente contribuye negativamente al ODS 3, relativo a la salud y el bienestar.

En la red Global Impact Investing Network (GIIN), que históricamente ha sido el feudo de los inversores de impacto tradicionales, ahora se ven cada vez más gestores tradicionales entre sus miembros. La GIIN es un recurso importante para, entre otras cosas, definir los criterios básicos que debe cumplir la inversión de impacto y ofrecer acceso a una base de datos de medidas de impacto.1 Actualmente trabaja para ofrecer orientación a los inversores de impacto sobre acciones cotizadas y explicar las diferencias con la inversión sostenible. ¡Sigan en esta línea!

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Como inversores en renta variable y fija, la mayoría de las veces no proporcionamos capital adicional a las empresas. Esto difiere de la inversión de impacto tradicional, en la cual el capital se invierte directamente en proyectos con un impacto claro en ámbitos como el agua, las energías renovables, los microcréditos o la agricultura en los países en desarrollo. Por supuesto, en el espacio de los valores cotizados, las asignaciones de capital pueden ejercer un impacto a través del incremento del coste del capital para una empresa (aspecto que se torna importante cuando hace falta captar fondos), o al señalar a los distintos interlocutores que la empresa tiene que cambiar su comportamiento. Empíricamente, no hay muchas evidencias todavía de que esto resulte particularmente eficaz.2 Sin embargo, estamos viendo que esto último está cobrando importancia, ya que ciertos ámbitos del negocio resultan cada vez menos aceptables para los inversores (tabaco, armas controvertidas, carbón). Al mismo tiempo, ciertas empresas han ganado atractivo para los inversores en ámbitos como los productos de eficiencia energética o los vehículos eléctricos. Esto envía una clara señal a las empresas que trabajan en estas líneas. Si esto se combina con la interacción, podemos decir que invirtiendo en valores cotizados se puede generar impacto.

Pero también existe otra manera de crear adicionalidad, la de analizar en qué medida las empresas suministran productos y servicios que contribuyen claramente a afrontar determinados retos del desarrollo sostenible, y en qué medida desarrollan nuevos modelos de negocio y expanden sus actividades a mercados, países o regiones que, de otro modo, se encontrarían desabastecidos. Un claro ejemplo son las empresas innovadoras que están reduciendo su huella a través del reciclaje, o las compañías farmacéuticas que trabajan en modelos de precios basados en la efectividad del producto, las que trabajan por ofrecer acceso más asequible a la atención médica a través de la digitalización, o las que proporcionan acceso a la medicina en mercados donde los servicios resultan insuficientes.

Estas empresas generan un impacto respecto al statu quo. Invertir en ellas supone dotarlas de accionistas que comparten su misión y orientación a largo plazo, y eso ayuda a las empresas a alcanzar tanto sus objetivos financieros como los de impacto.

Determinar el impacto de los conglomerados

Invertir en valores cotizados a menudo significa invertir en empresas grandes y diversificadas. El impacto adicional de las empresas que tienen un solo producto o prestan un único servicio resulta más fácil de determinar, pero aun así exige labores de análisis, ya que sus actividades pueden tener también repercusiones negativas. Pensemos, por ejemplo, en una empresa de paneles solares que no se preocupa por el medio ambiente, que no vela por las condiciones de trabajo en su cadena de suministro o que no gestiona adecuadamente sus residuos. En conjunto, ejercería un impacto negativo neto sobre la sociedad y el medio ambiente.

En nuestro marco de ODS, tenemos en cuenta todas estas cuestiones.3 Buscamos empresas que obtengan más del 33% de sus ingresos contribuyendo a la consecución de uno o varios objetivos y que a la vez no causen daños en otras partes de su actividad. Las empresas que operan en mercados desasistidos, según el Índice de Desarrollo Humano, obtienen créditos extra. Y su propuesta de valor también es importante: buscamos empresas que suministren productos y servicios altamente rentables y ampliamente disponibles, así como las que ofrecen importantes avances técnicos a un coste razonable.

Herramientas de medición

Y por último, pero no por ello menos importante, hay que contar con una forma de medir el impacto, para constatar que la inversión realmente está marcando una diferencia. Robeco ha trabajado intensamente en este ámbito, utilizando dinero real en fondos reales. Se utilizan multitud de parámetros diferentes para determinar el impacto que sus productos o servicios generan sobre el terreno. Sin embargo, al representar los parámetros de medición del impacto, tenemos que ser cuidadosos con las palabras.

Recientemente, una entidad financiera europea ha sido demandada por realizar afirmaciones supuestamente engañosas sobre el impacto de sus inversiones, como medio para acrecentar su negocio. En Estados Unidos, el organismo regulador SEC advierte de “afirmaciones potencialmente engañosas” por parte de los gestores de fondos sobre el uso que afirman hacer de la inversión sostenible, mientras que las nuevas normativas de la UE que desarrollan el Reglamento sobre Divulgación de Información relativa a la Sostenibilidad (RDIS) imponen una vigilancia más estrecha en este ámbito.

Por ejemplo, en nuestro fondo Sustainable Water, que invierte en empresas dedicadas a la mejora en la distribución de agua potable, el saneamiento y el tratamiento de aguas residuales, recientemente hemos actualizado los parámetros de medición del impacto. Este fondo ha podido constatar que, en 2020, sus participadas distribuyeron 48.000 millones de litros de agua potable por cada millón de euros invertido, el equivalente al consumo medio de 759 hogares. Eso marca una diferencia real para las personas que antes no disponían de agua potable, además de ofrecer rentabilidad a nuestros clientes.

Además de actualizar las cifras, hemos incorporado explicaciones adicionales para evitar cualquier sospecha de opacidad en estos informes (ecoblanqueo o “greenwashing”). En resumen, hemos ampliado la información sobre los métodos que utilizamos (y sus limitaciones) para calcular el impacto, y añadido notas sobre las fuentes utilizadas en todo el proceso. También recogemos claramente que este impacto ha sido generado por las empresas participadas, de modo que está “asociado” al fondo, no ha sido generado por una inversión en el fondo.

Una vez expuestas mis tres principales preocupaciones acerca de la devaluación del verdadero significado de la inversión de impacto, debo decir que continúa enorgulleciéndome que todo lo que afirmamos sobre nuestra inversión de impacto pueda medirse y constatarse, y que esta gama de productos especializados represente ya el 12% de todos los activos bajo gestión de Robeco. A medida que vaya aumentando el interés de los clientes, también lo hará la demanda de inversión de impacto, y debemos asegurarnos de mantener una postura crítica en nuestro enfoque y comunicación.

1https://thegiin.org/characteristics
2 Is Exclusion Effective?, David Blitz and Laurens Swinkels, The Journal of Portfolio Management Ethical Investing 2020
3https://www.robeco.com/en/insights/2018/05/how-to-quantify-a-companys-contribution-to-the-un-sdgs.html

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