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El poder de las plataformas

El poder de las plataformas

11-04-2017 | Visión

El auge de la conectividad ha dado lugar a un nuevo modelo de empresa: las plataformas de Internet. Plataformas como Uber, Airbnb o Alibaba facilitan la interacción comercial o social entre personas o entidades que hasta ahora, sin la actual interconexión global, no podían encontrarse o hacerlo les resultaba muy costoso. ¿Qué virtudes poseen estas empresas desde el punto de vista de la inversión y qué riesgos deben tener en cuenta los inversores?

  • Steef  Bergakker
    Steef
    Bergakker
    Senior Portfolio Manager

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  • Las plataformas han ofrecido excelentes rendimientos de inversión
  • Los inversores deben comprender en profundidad la naturaleza del llamado “efecto red”
  • El envolvimiento es un riesgo estratégico que se debe vigilar
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En los últimos años, hemos asistido al ascenso meteórico de nuevas empresas como Airbnb, Uber o Alibaba, que han sido capaces de lograr una presencia global en muy pocos años. Una característica que comparten todas estas recién llegadas es que funcionan como mediadoras entre creadores de valor y consumidores de valor que, de no existir la plataforma, nunca habrían llegado a interactuar o lo habrían hecho en mucha menor medida.

El dominio de las plataformas en términos de capitalización de mercado

La naturaleza virtual de las redes y puntos de encuentro hace que resulte mucho más sencillo aumentar su dimensión que en el caso de las empresas que trabajan con elementos físicos. Actualmente, las cinco empresas líderes en términos de capitalización de mercado a escala mundial (Apple, Alphabet, Microsoft, Amazon y Facebook) son empresas que gestionan plataformas, y que en muy poco tiempo han adquirido una enorme popularidad.

Pero las plataformas no son un invento moderno. Hace mucho que existen las plataformas físicas reales, como es el caso de las sucursales bancarias, los aeropuertos o las cadenas de bares y restaurantes. Los mercados físicos, que se remontan a los albores de la civilización, podrían quizás considerarse un arquetipo del modelo de negocio de las plataformas.

Lo que diferencia a plataformas modernas de estos modelos arquetípicos es el salto evolutivo en materia de alcance comercial, posibilitado por el crecimiento exponencial de la conectividad que ha tenido lugar en los últimos 15 o 20 años. Las actuales tecnologías de la información y la comunicación han catapultado el antiguo modelo de negocio de las plataformas, ampliando su alcance a una escala auténticamente global. La interacción comercial y social que promueven resultaba antes imposible, o prohibitivamente costosa, y ahora puede realizarse casi instantáneamente y con un gasto muy reducido. Este factor ha revolucionado por completo este segmento.

El reto de la monetización

Las plataformas con capaces de generar un enorme valor económico para los usuarios. Sin embargo, capturar una parte de este valor económico puede resultar complicado para los operadores de las plataformas. Una parte importante del valor que genera el operador de una plataforma es la reducción de los costes de búsqueda. Sin embargo, una vez que el consumidor potencial y el productor se encuentran, puede que les resulte más ventajoso negociar por su cuenta, al margen de la plataforma, y evitar así tener que pagar una comisión al operador. Éste es un problema sobre todo para las plataformas que conectan a proveedores de servicios con consumidores de los mismos, ya que en estas transacciones suelen intercambiarse importantes sumas de dinero, y es improbable que las operaciones sean recurrentes.

En principio, los operadores de las plataformas pueden intentar monetizar su gestión cobrando una comisión por operación o una cuota de acceso, o de acceso mejorado (ej: artículos premium en prensa digital), o por una protección mayor (ej: opciones de exclusión en servicios de citas por Internet).

Otra posibilidad de monetizar su gestión consiste en analizar, compilar y vender los datos generados por el tráfico de la plataforma. Esta opción presenta potencialmente un valor comercial enorme, pero se ve restringida por las cuestiones relacionadas con la privacidad.

Este mercado se caracteriza por contar con unas pocas empresas muy grandes que eclipsan por completo a las demás. Se trata de una manifestación de los resultados generados por el “efecto red”, que suele derivar en que el ganador se lo lleva todo/la mayoría de los rendimientos.

¿Qué mercados son susceptibles a la disrupción de las plataformas?

Las empresas de plataformas han invadido ya muchos mercados, y son cada vez más las empresas de nueva creación que adoptan este tipo de modelos. ¿Dónde cabe esperar que surjan ahora nuevas plataformas? En su libro Platform Revolution, Choudary, Parker y Van Alstyne enumeran cuatro características que hacen que los mercados sean susceptibles a la disrupción que suponen las plataformas: intensividad de la información, actores dominantes no escalables, elevada fragmentación y grandes asimetrías en la información. Entre los sectores que reúnen muchas de estas características están los de educación, energía, finanzas, salud, servicios laborales, logística y transportes.

Las plataformas han generado rentabilidades extraordinarias. La mayoría de ellas han superado ampliamente tanto al S&P500 como al MSCI All Countries World a uno, tres y cinco años. En gran medida, esto puede atribuirse al efecto red, como fuente de crecimiento y de ventaja competitiva. Una vez se desata este efecto red, el crecimiento se vuelve autosostenido, por lo que las empresas precisan muy poco capital. En consecuencia, el rendimiento sobre el capital invertido mejora y la creación de valor económico se dispara.

En los mercados con las características que hemos citado, en los que el ganador se lleva todo/la mayor parte, el crecimiento está limitado únicamente por el tamaño del propio mercado. A medida que aumenta la envergadura de la red, también lo hacen las ventajas propiciadas por la escala, lo que eleva las barreras a la entrada y amplía el periodo de duración de la ventaja competitiva, todo lo cual contribuye a mejorar la rentabilidad. Por último, cuanto más inmersos están los usuarios en esta red, el coste de cambiar a otra plataforma tiende a aumentar, lo que de nuevo contribuye a mejorar la ventaja competitiva del operador.

Los inversores deben comprender la naturaleza del efecto red

La tarea principal para un inversor consiste en llegar a comprender la naturaleza del efecto red y su relación con los costes que conlleva para el usuario contar con múltiples proveedores y cambiar de operador. Así mismo, resulta necesario examinar cuidadosamente el modelo de gobierno y monetización que adopta la empresa operadora de la plataforma, para comprender adecuadamente sus puntos fuertes y débiles.

Una vez que una plataforma alcanza su masa crítica, resulta muy complicado sacarla del mercado, siempre que sus directivos no cometan errores garrafales. Llegado este punto, el inversor puede normalmente disfrutar de un periodo prolongado de creación de valor. Sin embargo, no hay que perder de vista dos riesgos. El primero es la introducción de mejoras schumpeterianas de la funcionalidad por parte de las plataformas rivales. Aunque esto sucede cada cierto tiempo, parece un riesgo algo remoto el que una plataforma rival iguale la funcionalidad principal de otra cuando esta última disfruta ya del éxito derivado de dicha funcionalidad.

El segundo es el riesgo de “envolvimiento” por parte de otra plataforma. Esto sucede cuando un operador entra en el mercado de otro, combinando la funcionalidad de su plataforma con la del otro operador, formando un colectivo multiplataforma. Suele darse esta situación cuando existe un solapamiento significativo de las bases de usuarios y/o unas notables economías de alcance. Los inversores deben estar muy atentos a este riesgo de envolvimiento.

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