Las sustancias químicas son esenciales para producir artículos cotidianos, desde alimentos, agua limpia y productos sanitarios, hasta vivienda o ropa, entre otros muchos. Sin embargo, parece que en los últimos años solo se oye hablar del impacto perjudicial de los productos químicos, como el efecto contaminante de las «sustancias químicas permanentes», por ejemplo, las sustancias perfluoroalquilicas y polifluoroalquilicas (PFAS), los plásticos de un solo uso, o del impacto de los pesticidas en la biodiversidad.
Incluso la ONU reconoce que «un uso significativo de productos químicos es fundamental para alcanzar los objetivos sociales y económicos de la comunidad mundial». Sin embargo, hemos llegado a un punto en el que se han superado los límites planetarios para nuevas entidades, lo que significa que se crean más sustancias químicas de las que nuestro planeta puede soportar.
El dilema es que muchas sustancias químicas útiles tienen propiedades peligrosas para el medio ambiente y la salud humana, y el uso de estos productos en el último siglo supera nuestra comprensión de su impacto. Se han creado más de 350.000 productos químicos sintéticos, y se prevé que su producción se triplique de aquí a 2050.
Los gobiernos de todo el mundo reconocen ahora que es necesaria una mayor regulación para gestionar los productos químicos y los residuos químicos peligrosos, lo que tendrá importantes repercusiones financieras para las empresas que los producen y utilizan.