¿Cuáles son las ventajas de la beta de carbono en comparación con los datos tradicionales de emisiones de carbono?
J.H.: “Para nosotros la beta de carbono es una herramienta de gestión del riesgo climático. En cuanto a sus ventajas respecto a los datos sobre emisiones de carbono, la beta de carbono incorpora información de mercado actual (sin un retraso de dos años) y expectativas de mercado, lo que la convierte en una métrica más actual e incluso prospectiva. La beta de carbono tiene una amplia cobertura, ya que los datos de mercado están disponibles prácticamente para todas las empresas que cotizan en bolsa, y tiene una alta transparencia, ya que no depende de divulgaciones voluntarias. Y quizás su característica más interesante es que no solo identifica empresas que son vulnerables (rezagadas) a la transición a una economía baja en carbono, sino que también identifica a aquellas que se espera que se beneficien (líderes) de ella. Esto es algo que las características de emisión genéricas no permiten hacer”.
Entonces, ¿Cuál es la principal implicación práctica de su estudio?
D.L.: “Hay una serie de conclusiones pertinentes de nuestros hallazgos sobre la beta de carbono y la innovación verde. En consonancia con investigaciones anteriores2, en nuestro estudio confirmamos que la innovación verde procede principalmente de los sectores de energía y materiales. En dichos sectores, las empresas más innovadoras tienen betas de carbono inferiores, aunque no necesariamente tienen emisiones de carbono o intensidades de emisión más bajas. En otras palabras, los inversores no deberían simplemente limitarse a desinvertir en estos grandes emisores de carbono, ya que estos “innovadores verdes” son esenciales para la transición energética. Por lo tanto, es probable que mantener este tipo de empresas reduzca el riesgo climático de una cartera”.
“Hemos visto que algunas empresas que parecen “verdes” en base a sus datos de bajas emisiones reportados tienen en realidad una beta de carbono elevada. Por ejemplo, algunas pequeñas empresas que prestan servicios al sector de petróleo y gas no tienen operaciones con altas emisiones de carbono, pero son económicamente vulnerables a una transición baja en carbono. Por el contrario, algunas empresas consideradas como “muy contaminantes” en base a sus datos de emisiones reportados tienen de hecho una beta de carbono inferior ya que están mejor preparadas para la transición. Eso puede deberse a que, por ejemplo, investigan tecnologías verdes de manera activa. Un buen ejemplo es una multinacional estadounidense del sector de generación de energía. A pesar de estar entre el 5% más alto de los emisores de gases de efecto invernadero en nuestra muestra, también es uno de los tres principales emisores de patentes verdes. Por lo tanto, su beta de carbono se encuentra entre los más bajos del sector industrial”.
¿Qué va a hacer Robeco con estas conclusiones?
J.H.: “Junto con Lucian Peppelenbos, nuestro estratega climático, ahora estamos investigando si la beta de carbono puede funcionar como métrica adicional del riesgo climático para el análisis climático de Robeco. Creemos que la beta de carbono complementa el conjunto de herramientas actual, ya que proporciona información sobre el riesgo de carbono más allá de lo que se obtendría con los datos tradicionales de emisiones de carbono. De hecho, la beta de carbono integra información prospectiva, mientras que los datos de emisiones de carbono tienen un carácter retrospectivo. También consideramos que la beta de carbono puede ser útil para establecer los riesgos climáticos de la cartera. Mientras que los parámetros del valor en riesgo climático se basan en modelos opacos y complejos, la beta de carbono es una métrica más intuitiva, transparente y simple. De ahí que también vayamos a estudiar si puede integrarse en las estrategias de inversión de Robeco para controlar el riesgo climático”.