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La lógica de la inversión en tendencias

La lógica de la inversión en tendencias

06-09-2017 | Visión
A todo el mundo le gusta una buena historia, pero la inversión en tendencias no es solo una buena historia. En el presente artículo exponemos nuestra filosofía de inversión en tendencias, que da forma a un esquema analítico que va más allá de una narrativa interesante.
  • Steef  Bergakker
    Steef
    Bergakker
    Senior Portfolio Manager
  • Jeroen van Oerle
    Jeroen
    van Oerle
    Portfolio Manager

Lectura rápida

  • La inversión en tendencias aprovecha los sesgos de comportamiento
  • La sobrerreación e infrarreación a las nuevas tecnologías constituyen tendencias importantes
  • La madurez del cambio tecnológico determina el enfoque de cartera
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En el panorama de inversión actual, el valor añadido de los gestores de cartera se mide por la rentabilidad relativa superior, o alfa, que pueden generar. En un trabajo histórico, Fuller [2000] apuntaba a que existen tres fuentes de alfa:

  • Obtener información (privada) mejor para conseguir una ventaja analítica
  • Emplear formas mejores (modelos cuantitativos) para procesar la información y obtener una ventaja
  • Aprovechar sesgos de comportamiento para adquirir una ventaja conductual

La inversión en tendencias persigue aprovechar la ventaja analítica derivada de las dinámicas del cambio secular, y explotar los sesgos de comportamiento sistemáticos que muestran las personas.

Sesgos de comportamiento

En la inversión en tendencias, la sobrerreacción y la infrarreacción constituyen sesgos importantes. Las personas tienen la tendencia a sobrerreaccionar a nuevas tecnologías interesantes que prometen revolucionar sectores completos. Cuando tales tecnologías defraudan unas expectativas exageradamente elevadas, cunde el desánimo y se reducen drásticamente las expectativas. Sin embargo, una vez que esas tecnologías superan sus problemas iniciales y se acelera la captación de clientes, el inversor tarda en reaccionar ante esta nueva información. Esa pauta empírica de sobrerreacción a tecnologías nuevas en fase inicial y posterior infrarreacción a su posterior aceptación constituye la base del Hype Cycle (cíclo de hipérbole) de Gartner, que constituye un componente importante de nuestro proceso de inversión.

Al mismo tiempo, las personas también suelen infravalorar exageradamente el crecimiento exponencial. Esto es algo bien documentado, tal y como refleja el experimento ampliamente citado realizado por Wagenaar y Sagaria [1975].

Las personas sistemáticamente infravaloran el crecimiento exponencial

Fuente: Wagenaar & Sagaria; Robeco Trends Investing

Estos sesgos de comportamiento ofrecen fuentes de alfa, pues pueden deparar oportunidades de crecimiento a largo plazo ignoradas.

Existen tres revulsivos principales del cambio secular. Este responde bien a políticas públicas, a factores sociodemográficos o a la tecnología. El cambio basado en la tecnología es el más interesante para la inversión en tendencias. La velocidad y la enorme especialización hacen difícil predecir la forma exacta en la que las nuevas tecnologías proliferarán. La automatización, la digitalización y la hiperconectividad constituyen algunos ejemplos.

La madurez del cambio tecnológico determina el enfoque de cartera

El ciclo de hipérbole de Gartner representa una herramienta muy útil, al aportar ideas sobre la mejor estrategia de construcción de la cartera. En las dos primeras etapas del ciclo de hipérbole (desencadenante tecnológico y máximo de expectativas exageradas) no suele estar claro quiénes serán los ganadores. La aceleración aumenta conforme la comunidad inversora se interesa por una tendencia y los medios de comunicación se hacen eco de ello; todas las empresas parecen ganar: cualquier empresa que pueda vincularse a la tendencia se revaloriza. Las expectativas son muy positivas y la sobrerreacción puede deparar unas valoraciones infladas.

Construcción de cartera combinada con ciclo de hipérbole

Fuente: Gartner; Robeco Trends Investing

Durante esta primera fase, nuestro enfoque de inversión es doble. En primer lugar, como todavía no existen claros ganadores, consideramos que es mejor apostar por cestas amplias de empresas con una exposición satisfactoria (a ser posible pura) a la tecnología, en lugar de centrarnos solo en unas pocas empresas. Un segundo enfoque consiste en invertir en empresas que faciliten la nueva tecnología. Este es el llamado planteamiento de ‘pico y pala’. En lugar de tratar de invertir en el (supuesto) buscador de oro ganador durante una fiebre del oro, preferimos invertir en la tienda que suministra los picos y las palas. O, en el contexto actual, el proveedor de los sensores y el software que necesitan todos los fabricantes de coches sin conductor.

Después de que la hipérbole ha hecho máximos, la siguiente fase es compleja desde una perspectiva de inversión. Durante el ‘mínimo de decepción’ y parte de la ‘pendiente de sabiduría’, el pesimismo sigue siendo generalizado, las empresas quiebran y hace máximos la actividad de consolidación empresarial. Aunque durante esta reorganización surgirán ganadores, es difícil invertir en dicha fase, que denominamos como ‘precipicio de inversión’.

La segunda fase de oportunidades de inversión se produce en mitad de la ‘pendiente de sabiduría’ y se prolonga hasta la ‘meseta de productividad’. Es entonces cuando identificamos empresas que han sobrevivido el período de reorganización y son capaces de seguir desarrollando la tecnología. Las oportunidades de inversión aparecen especialmente durante la ‘pendiente de sabiduría’, cuando todavía cunde el desánimo porque muchos inversores recuerdan la etapa de desplome. Durante esa fase, el enfoque de cartera consiste en identificar ganadores a largo plazo y concentrar las posiciones de la cartera en dichas empresas, en lugar del planteamiento de cesta de la fase uno.

Diversificación y perspectiva a largo plazo

El planteamiento de tendencias de Robeco combina varias tendencias escasamente correlacionadas en una única cartera. Eso aporta unos considerables beneficios de diversificación, haciendo que la cartera sea menos vulnerable a tendencias que pasen de moda durante determinadas fases. Además, apostamos por períodos de inversión largos, de entre tres y cinco años. Nos posicionamos para el largo plazo porque acertar cuándo empezará a despuntar una tendencia es muy difícil.